|
Entrevista a Álvaro Marchesi, Secretario General de la OEI
Álvaro Marchesi, secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, estuvo de visita en nuestra Universidad para inaugurar el seminario “Desarrollo profesional docente para una educación de calidad sin exclusiones en la primera infancia”, organizado por Unicef, la OEI y el Instituto Internacional de Educación Infantil (IIDEI).
En ese contexto, conversó en esta entrevista sobre los temas tratados en su conferencia, donde analizó la educación de calidad en la primera infancia, y aspectos coyunturales que marcan la agenda nacional e internacional en formación inicial.
- Su exposición estuvo centrada en proponer una especie de decálogo de la formación inicial. En Chile ¿cuáles diría usted son las carencias en ese ámbito que se deben solucionar? “En Chile se ha avanzado mucho en la educación, pero creo que todavía, como saben los ciudadanos y los responsables políticos del tema, hay retos muy importantes. Entre ellos, lo referente a garantizar una acceso lo más igualitario posible a todos los niños. Quizás el punto más importante, porque es capaz de compensar desigualdades sociales. Conseguir esto daría un impulso enorme a las posibilidades posteriores de los niños y sería un avance muy notable, por lo que yo insistiría en ese punto como reto importante del país”.
- Muchos expertos señalan que la cobertura en educación es importante, pero que no sirve si no va de la mano con la calidad. “Acceder es un punto importante, porque si tenemos mucha calidad y nadie va a la escuela, no tenemos solución posible. La calidad en la educación inicial no es lo mismo que en la educción secundaria, sería un error entenderla de la misma manera, porque son parámetros distintos. En educación inicial hay que ver todas las dimensiones afectivas y personales, los temas de identidad, cómo se colabora con la familia, el respeto a los derechos de los niños. Es decir, la infancia es una etapa donde hay muchas dimensiones implicadas y requiere de una educación muy exigente".
- En ese sentido ¿cree importante incluir a los jardines infantiles en la ley que asegura la calidad educación, que se discute actualmente en Chile? “Para mi gusto sí, siempre y cuando no se establezcan orientaciones similares a la educación primaria. Es decir, los jardines de la infancia deben ser educativos pero con modelos distintos y un sistema específico que no puede seguir las pautas de otros niveles. Sería un gran error incorporarla para pretender que todos son iguales y por tanto deben ser evaluados de la misma manera”.
- ¿Qué competencias debería tener un educador de párvulos para aportar a esa calidad educativa? “El educador de párvulos tiene que tener una formación integral, capacidad de colaborar con las familias y dar respuesta inmediata a las demandas de los niños; tiene que estar atento a su desarrollo y generar innovaciones permanentes. Es decir, hace falta un profesional muy capaz y, en consecuencia, una estructura de formación orientada a las competencias y disposiciones de ese proceso. En general, la formación de los educadores de infancia es muy insuficiente, es decir, hay muchas personas que trabajan con los niños y no tienen formación de ningún tipo, incluso no han terminado la primaria. Eso hay que ir cambiándolo gradualmente. Por otra parte, habitualmente, tendemos a relegar a un segundo plano las competencias relacionadas con desarrollar las dimensiones socio-afectiva de los niños y tendemos a separar en exceso los aprendizajes, perdiendo la visión integral de lo que es la educación en esta etapa. Insistiría en recuperar los proyectos integrales, donde estén todas las dimensiones: comunicativa, lógica, social, artística y afectiva, porque es así como aprenden mejor.
- Pero el mundo tiende a ir al revés, es decir, hacia la escolarización de la educación parvularia, focalizada en lenguaje, ciencias y matemática ¿qué opinión tiene de aquello? “Soy contrario, evidentemente. Yo me inclino porque la evaluación en educación inicial debe ser a la escuela y a los maestros, no a los niños. La etapa de la educación infantil debe tener su identidad propia, potenciar el desarrollo integral y las habilidades cognitivas. Para mí, la mejor evaluación es aquella que se centra, por un lado, en el funcionamiento de la escuela, para cumplir sus objetivos y, por otro, en las competencias de los maestros, para trabajar en el aula de acuerdo con los parámetros establecidos por el centro. Así también, en esta etapa el papel de la familia es muy importante, pero eso ¿cómo lo medimos? No es fácil saber si un niño tiene un desarrollo mejor o peor, si eso depende de la familia o más bien de la escuela. Si a los 16 años uno evalúa a un alumno sobre los ríos de Chile, se hace más evidente que aquello lo aprendió en la escuela, pero si el niño a los tres años se mueve mejor o peor, habla mejor o peor, no se puede saber bien de quien depende, porque tiene que ver mucho con los contextos. Por eso es imprescindible ver si la escuela cumple con que los maestros trabajen las dimensiones establecidas de manera integral. Si eso se da, el niño aprenderá lo más posible en función de su edad y de su contexto socio-familiar.
Constanza I. Donoso Mora Periodista Facultad de Ciencias de la Educación Universidad Central de Chile
|